jueves, 14 de abril de 2016

El ultracuerpo de Soria







Publicado en El País
Por Rubén Amón
13 de abril de 2016 



La teoría de una suplantación pone al PP y al Gobierno en la tesitura de apoyar a un ministro con serios problemas de credibilidad


Exige cierto esfuerzo creer en la teoría de la suplantación de Soria. Exige incluso acordarse de La invasion de los ultracuerpos, aquella película de terror de Don Siegel que nos estremeció de niños y en cuya trama unas extrañas vainas extraterrestres crecían hasta adquirir el aspecto idéntico de los humanos que las cultivaban.

Ha podido ocurrirle algo parecido a Soria mientras dormía. Pensábamos que su doble era José María Aznar, a cuenta el asombroso parecido físico y hasta ideológico, pero la teoría del ministro implica que su papel ejecutivo en una sociedad de Bahamas y en otra británica —las dos con el mismo nombre, UK Lines— proviene de una falsificación identitaria. Una falsificación familiar, dinástica, que arrastra a su padre y hasta su hermano, cuyas firmas en los documentos fundacionales tampoco reconoce como legítimas pese a haber acreditado su autenticidad los peritos caligráficos.

Soria tiene un problema de credibilidad por la confusión que ha aportado él mismo a las diferentes explicaciones —ha dado hasta tres—. Y porque ya ha incurrido en una mentira. Dijo que se desvinculó de toda actividad empresarial en 1995, al iniciar su carrera política, pero ocurre que en 1997 todavía figuraba como administrador de Ocean Lines, una sociedad radicada en Londres que formaba parte del holding familiar.

Semejantes circunstancias complican las hipótesis de la clonación o del sabotaje identitario, pero Soria ha encontrado la inmediata solidaridad de sus compañeros de Gobierno. Margallo, De Guindos y Catalá, tres superministros, se han apresurado a legitimar las versión del colega, exactamente como hizo de oficio el portavoz parlamentario Rafael Hernando, mencionando una conspiración mediática que Josñe Manuel Soria piensa atajar en la comparecencia del Congreso.

Será la manera de solemnizar su teoría exculpatoria. De lo contrario, Soria habría provocado un daño descomunal a su partido. Por haber tenido y ocultado una sociedad offshore. Por haber mentido al respecto. Y por haber movilizado al PP para sostenerlo, forzándolo a encubrir sus desmanes en los prolegómenos de la campaña electoral.

Tal como ocurre en La invasión de los ultracuerpos, José Manuel Soria ha sido víctima de una clonación. La culpa fue de su doble. Pero no es el doble del ministro sino el ministro mismo quien ha intoxicado la separación de poderes dando instrucciones a la Fiscalía Anticorrupción para agilizar la aclaración de su caso. Un disparate que carece de todo sentido porque Soria no está investigado y porque no existe sospecha de la comisión de un delito. Y porque es él quien debe pedir explicaciones al bufete panameño del que han salido los documentos comprometedores.

Soria o su clon no tienen un problema judicial. Tienen un problema político. Que pone a prueba su credibilidad. Y que pone a prueba la política de tolerancia del PP con las ovejas descarriadas camino del 26-J. Cuidado con Rajoy. Es un cocodrilo inmóvil, pero también inmisericorde cuando pasa delante el cordero sacrificial cuando está en juego su hambre y su supervivencia.



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